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Gabriel Reymann, poemas escritos en el celular

Gabriel Reymann (Buenos Aires, 1984).  En 2008 publicó la plaqueta de poemas “Madres en Caravana Perenne de Resignación” por Editorial CILC. Tiene otros tantos poemas inéditos a la espera de su mejor postor.

– ¿Te pasa que te sentás y decís de tal hora a tal hora voy a escribir?
– No, no tengo ninguna rutina, disciplina ni contexto en particular. Pero tomo nota en los lugares menos pensados y con cualquier clase de herramienta. Escribo cosas en el celular cuando me viene algo a la mente (y luego ver si “sirve” o no), ya sea en el tren, la oficina o un recital, digamos.

– ¿Cuándo comenzaste a escribir? 
– A los 20 años, aproximadamente. Por aquel entonces dibujaba mucho yo, con lo cual estaba acostumbrado a la expresión artísssstica (pronunciar con muchas “s”, como Coco Sily) pero la diferencia con la expresión plástica es que la escritura me resultaba más “automática” y difícil de controlar, inclusive a nivel de significados.  El poema viene cuando se le da la gana – a “él”, no a mí- y su conclusividad es bastante relativa. El que se va sin que lo echen, vuelve sin que lo llamen, y vuelve a irse sin que lo echen.

– Como lector, ¿cómo hacés tu recorte? 
– En estos momentos estoy leyendo “Hotel Babel” de Mario Arteca, un libro que salió hace días, por caso.

– ¿Creés en la función social, o incluso política, de la poesía?
– Mi postura personal es que lo personal es político. Partiendo de esa base, todo aquello que
genere un cambio de paradigma en nuestras percepciones (macro y micropolíticas, estéticas) está
ejerciendo un cambio en el entramado social predeterminado. Si hay algo que puede cambiar el
modo en que percibimos, tiene que ser la poesía, sin necesidad de apelar a consignas, lemas o
nombres propios.

 ¿Cuáles considerás tus mayores influencias en este momento?
–  Saussure, Derrida y el budismo zen –entre otros- pueden ser puntos de referencia. Por encima de todo lo mencionado,todo aquello que experimente en mi vida cotidiana y considere digno o interesante de ser
plasmado.En lo estrictamente poético, estoy leyendo mucho a César Vallejo, aunque lógicamente no corresponde echarle la culpa de lo que yo escriba.

 

Sin título

Acostarse
a la vera
del alerce.
Llorar la corona
obtenida.
Soñar una
bifurcación
de la realidad.
Hundirse
profundo –
irrescatable –
Volver, posible,
contingente,
como parte del aire.

Los niños sonríen
en primavera,
con la bendición
de lo mutable.

 

Gabriel Reymann