dia del padre, La vida misma

Palabras de un padre a una hija

 Especial Día del Padre
 Por Vladimir Martel
Juana se agarra las mangas de la camiseta para ponerse el pulóver. Me da besos de esquimal con la nariz. Me pide que la lleve a caballito cuando caminamos. Me pide que no la hamaque, que puede sola. Me pide que le arranque una flor. Juana duerme profundamente y no le gusta que la toquen. No le gusta quedarse tapada. Duerme, y todos los ángeles guardan su sueño. Se tira en el piso y dibuja pollitos, gatas, leopardos y dinosaurios de cuello largo. Escribe y cubre toda la hoja en todas las direcciones con lentas palabras deletreadas, algunas letras al revés, y trazo trémulo.
Juana me pregunta si me duele la espalda. Me dice: “Papi, ¿querés la almohadita?”. Me pregunta, mientras vamos en el auto, si se puede dormir una siestita. Me pide que le ponga la canción que le gusta, Another one bites the dust. Me canta We will rock you. Mira, acostada boca abajo, alguna película animada, mientras me pide que le de almendritas para comer. O pistachos. Juana crece, y la absoluta inocencia de su sonrisa de niña se va convirtiendo en otra cosa, en la más sutil, elaborada alegría de una personita. Desde sus cinco años, cada día se hace conciente de un pedacito más de mundo. Cada día hace más cosas, y las quiere hacer sola. A cada pedacito de mundo le da unas vueltitas y lo convierte en un motivo de juego, de reflexión, de alegría.
Los hijos, nos decían hace años, son lo más lindo de la vida. Qué idea más absurda, pensábamos, con todos esos llantos, gritos, pañales, caprichos. Y de golpe, cuando todavía nos sentíamos jóvenes y casi niños nosotros mismos, los estamos criando a ellos y aprendiendo a mirar el mundo a través de sus ojos. Aprendiendo a ser papás y descubriendo de nuevo, ya grandes, cómo es ser niño.
A través de ellos, nos quitamos el lastre de la propia historia vivida, las normas, las expectativas, las formalidades, las frustraciones, los miedos, los frenos, las ambiciones. Y volvemos con ellos a mirar todo por primera vez y a sorprendernos del mundo y de nosotros mismos. Ser padres es maravilloso porque es volver a ser niños.
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  1. kika

    2010/11/ at 7:11 pm

    no que si? es volver a ser chicos pero sin la mirada acusadora de los adultos (o con ella pero sin que nos mueva un pelo) es una nueva chance para disfrutar de la vida y jugar y ser TAN FELIZ como uno creia que solo se podía ser a los 10 años. bien por ellos que nos traen la llave de una nueva vida y por nosotros que la aceptamos y estamos dispuestos a aprender siempre de esas miniaturas de personas.

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