Cine

Nebraska no queda tan lejos

“Hey, señor, gané la lotería. No pienso andar en un auto usado nunca más”. En Nebraska, dirigida por Alexander Payne, Woody Grant (interpretado por Bruce Dern) afirma haber ganado un millón de dólares a través del correo a pesar de que toda su familia le dice que es un engaño para seguir vendiendo suscripciones de revistas. El viejo Woody no sabe qué hacer con tanta plata y con tan poco tiempo para gastarla, solo sabe que quiere comprarse una camioneta nueva, aunque ya no pueda manejarla. Sin embargo, la frase que abre este párrafo no le pertenece a Woody, es una parte de la canción “Used Cars” del disco también titulado Nebraska de Bruce Springsteen.

Al volver del cine no me pude resistir a poner el disco, tenía la impresión de que compartían algo más que el título. De a poco comencé a descubrir las similitudes; al igual que Payne, Springsteen ve a Nebraska en blanco y negro, por lo menos desde la portada. Todavía tengo la costumbre de comprar discos así que, con la memoria todavía fresca de lo que me hizo sentir la película, pude levantar la portada del álbum y fue como interponer dos imágenes iguales aunque un poco desfasadas a la luz, todo se volvió en 3D. Superhéroes, catástrofes naturales, juguetes que cobran vida, cada tanto es necesario descansar la vista ante tantos estímulos visuales para comenzar de cero otra vez. Esta es la propuesta de Nebraska –la película-, un paseo por personajes que no tienen nada en especial, tan poco agraciados que ni siquiera se hablan entre ellos pero que resulta imposible pasarla por alto.

Al igual que el film, Nebraska -el disco- también tiene como premisa despojarse de toda superproducción. Bruce Springsteen venía de hacer una camada de discos épicos siendo el último,“The River”, un álbum doble. La manera que eligió The Boss para limpiarse fue abandonar a la histórica E Street Band y grabar este disco solo con su guitarra. Nunca estuve en Nebraska, no googleé imágenes de la ciudad, pero supongo que no es un lugar al que la gente vaya a pasarla bien. No la pasaron bien ni Woody ni Bruce, y con eso ya tengo más que suficiente. No sé si Alexander Payne tenía en mente este viejo disco de Springsteen a la hora de realizar la película, supongo que sí porque cada canción parece encajar perfectamente en cada escena.

“Highway Patrolman” la canción que habla sobre una relación de hermanos a la que el protagonista tiene que hacer la vista gorda ante las autoridades para ocultar el desastre que es su hermano. “Nada sabe mejor que tomar unos tragos en una relación de sangre” dice la canción y parece estar hablando de la relación padre e hijo que tienen Woody y David (interpretado por Will Forte) el primero, alcohólico desde hace décadas, el segundo abstemio desde que se dio cuenta que iba por el mismo camino que su padre. La estadía en el pueblo natal de Woody permite a su hijo David descubrir cómo era la vida de su padre antes de que él naciera y entender un poco mejor de dónde viene ese carácter de mierda. Por más que a Woody ninguna idea lo entusiasma demasiado (él solo quiere llegar a Nebraska) toda la familia llega a la casa donde el viejo pasó su infancia; una casa grande, de madera en el medio del campo.

“De noche mi padre me llevaba a pasear en auto por las calles de un pueblo silencioso y tranquilo/ Estacionábamos en una callecita al costado de la autopista/ mirábamos hacia arriba y veíamos aquella mansión en la colina”, dice Springsteen en la canción “Mansion on the hill”, una canción que me ayuda a justificar por qué cada track del disco tiene su correlato en la película aunque con solo mencionar que el álbum tiene otra canción llamada “My father’s house” ya sería suficiente. El disco se va terminando y los personajes y símbolos siguen cruzándose: el azar por el que Woody afirma ser alcanzado para ganar su millón de dólares en la película se traduce musicalmente en el álbum como “Atlantic City”; luego David conoce a Ed, el socio de su padre con el que manejaban un taller mecánico y nos remitimos a “Open all night”, que hace referencia desde el título a un taller. No es normal que una película y un álbum grabados con más de 30 años de diferencia lleguen a complementarse tan bien. “Todo muere, nena, es un hecho/ pero tal vez todo lo que muere alguna vez regrese” canta Springsteen en “Atlantic City” y Nebraska, el disco, regresa a la vida gracias a esta película.