Cine, Cultura

Un tranvía llamado Cate Blanchett

El toque Woody comienza desde el minuto cero: Una fotografía bien resuelta, personajes que despliegan a la perfección su costado neurótico, el humor que acontece en medio del drama y esa música deliciosa a las que nos tiene fielmente acostumbrados. Además, se suma la brillante actuación de Cate Blanchett, la protagonista. ¡Hasta me atrevo a decir que esta cincuentona desborda y supera a la película en sí misma! Como buen director que es, supo elegir bien a su estrella para transmitir los estados por los que pasa una mujer que de tener una vida millonaria, pasa a estar en las ruinas. Esta mujer, sensual y expresiva hasta la médula en cada escena, nos vende la historia, nos hace reír, nos emociona y hasta nos hace sentir que Blue Jasmine es otro de los grandes éxitos que este señor recopila en su vasta producción hollywoodense.

También actúa Alec Baldwin, quien encarna el papel de ex marido de ella, un archi millonario chanta que le mete los cuernos con cuanta mujer lo rodea y que vive a costa del dinero de otros, hasta que lo meten en cana. De ahí en más, Blanchett intenta “esconder” el drama en que vive, tapando todo con su glamour, el cual desborda la pantalla y se come prácticamente la película. Por supuesto, todo tiene ese touch tragicómico típico de Woody, donde uno puede optar por reírse o por emocionarse hasta las lágrimas.

Para quienes tuvieron la oportunidad de ver la película Un tranvía llamado deseo, la trama se le parece bastante: una mujer madura y anclada en el pasado que visita a su hermana y a su marido de clase baja, hombre rústico y violento. Aunque esta vez se trata de una relectura en la que la Blanche de Woody Allen no es un personaje inocente ni su cuñado un salvaje y punto. Los personajes son muchos más complejos y menos estereotipados. Y  la comparación no es menor, ya que aquella película de 1951 protagonizada por Marlon Brando, tuvo un éxito rotundo recordado hasta hoy.  Algunos, creen que Blue Jasmine es su mejor film desde Match Point (2005). Lo que sí es cierto es que este hombre, que no para de producir historias de una manera cuasi obsesiva, pareciera haber abandonado por un rato su afán de guía turístico utilizado en las últimas tramas (Vicky, Cristina, Barcelona, Midnight Paris y A Roma con amor fueron las últimas) para regalarnos un cuentito imperdible.

La escena final es… ¡casi que no alcanzan las palabras para describirla! Es de un nivel actoral de esos que pocas veces se olvidan. Es más, seguramente lo usaremos de referencia cuando tratemos de convencer a nuestros conocidos de que vayan a ver este  maravilloso film de Woody Allen.

Uno de los momentos célebres de la película: su escena final.