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Bodega El Esteco homenajea a Páez Vilaró

El sol, como su amigo más antiguo;  la luna, como el espejo donde alguna vez creía ver a su hijo perdido en los Andes. Estos, dos signos tan importantes en la vida y en la obra de Carlos Páez Vilaró, también son de vital importancia  para el vino que le ha servido de inspiración al artista uruguayo a lo largo de su vida,  y que pertenece a la bodega de alta gama de Cafayate,  El Esteco. Los dos astros se hallan presentes en la  etiqueta de la bodega desde sus orígenes. Sintetizan el espíritu de un terruño excepcional que favorece la elaboración de un vino único. Un vino con una gran concentración de colores aromas y sabores. Esto se debe  al clima dual de los Valles Calchaquíes: una intensa radiación solar durante el día y noches frías bajo la luz de la luna.

Ciclos Icono, la línea que mejor representa al artista por su espíritu joven e innovador, lo  homenajea hoy con una partida exclusiva. Como valor agregado, la etiqueta  y el estuche fueron diseñados especialmente por Páez.

El homenajeado nos abre así las puertas de Bengala, una prolongación de la conocida  Casa Pueblo de Punta del Este, pero emplazada en un selvático jardín en el Tigre. Con sus frondosos árboles iluminados especialmente para la ocasión, el artista brinda con su habitual calidez y generosidad una charla en dónde cuenta su conexión con el vino  y sus inicios en la pintura.

Recuerda especialmente aquella valijita de cartón que le regalara su madre para llevar la comida al colegio, y que, más tarde, él mismo cargaría con sus pinturas y pinceles para venir a Buenos Aires y lanzarse a “lo inesperado”. Páez hace un recorrido por de las tres etapas de Bengala, las etapas más emocionantes de su vida: el descubrimiento de aquella antigua y pintoresca casa de madera digna de Hemingway que el artista consideraba que profanaba al habitarla; la consiguiente  construcción de un segundo y curvilíneo hogar similar al del hornero, y un nuevo emplazamiento que alberga a su taller, esta vez de carácter rectilíneo, y que fue diseñado por un arquitecto y amigo de la zona.

Finalizada la charla,  Páez nos invita  a degustar “Ciclos” en el mejor escenario posible: Su taller. Inmersos en su mundo estallado de colores probamos  un exquísito blend con un espíritu joven e innovador como el suyo,  un blend que une los sabores  frutados de la uva Malbec  con los especiados del Merlot, pasas de uva, confituras y licor de chocolate. La etiqueta y el estuche es fiel al reflejo de un vino sofisticado y simple, inspirador y cautivante, como el artista mismo.

“No me mires como un hombre. Mirame como a un siglo”, pide el artista de 90 años, que planea vivir otros cien años más. “Tengo muchas ganas de volver a reencontrarme con aquella valijita de cartón que me regaló mi vieja para llevar la merienda al colegio, volverla a llenar  con colores y pinceles,  y entonces entrar en el  misterio.  Y quién sabe si no encuentro en el camino nuevos murales para pintar”.

 

  1. mabel tome

    2014/01/ at 8:17 am

    como todo lo que ha creado el maestro,refleja su sensibilidad y su arte,asi es CASAPUEBLO EN URUGUAY,UNA NUESTRA DE LO QUE PUEDE LA INTELIGENCIA Y LA CULTURA DEL HOMBRE.º ¡¡¡UN GRANDE¡¡¡

    1. Victoria Rolanda

      2014/02/ at 3:00 pm

      ¡Es verdad! Saludos, Mabel

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