Sociedad

¿Añorar la niñez es una idealización?

Hacer la tarea, usar uniforme, dormir la siesta aunque uno no tenga sueño, obedecer siempre a los padres sabiendo que no siempre tienen razón, estar obligado a comer cosas que a uno no le gustan, sentirse excluido del grupo, estos son algunos infiernos que todo niño conoce muy bien. Infiernos pequeños, con llamas que, vistas desde la adultez, no dan miedo, más bien son llamitas inofensivas como velitas de cumpleaños.

Y así, velita a velita, pasamos a la adolescencia y luego a la vida adulta. Definitivamente no quisiera volver a mi adolescencia, pero con frecuencia añoro mis primeros años, donde todo era más fácil, no solo por falta de responsabilidades, sino también por falta de complicaciones mentales.

Tengo una infancia llena de recuerdos hermosos. Me acuerdo de ir a inglés caminando por una calle con árboles altísimos en la vereda. Me gustaba ir mirando para arriba para ver la luz del sol filtrándose por las ramas (y más de una vez me tropezaba por eso).

Me acuerdo de mi remera con el dibujo de Mafalda, pero no solo de la remera, sino de mí con la remera de Mafalda jugando en el parque. Del olor a pasto, de la luz naranja que inundaba mi habitación cuando llegaba el atardecer.

Y el sol sigue filtrándose por las ramas de los árboles. Sigue habiendo atardeceres naranjas y parques y olor a pasto. ¿Pero qué pasó que solo recuerdo los de mi infancia? A esto me referiero con las complicaciones mentales, a que vaya a saber uno por qué razones, vamos perdiendo poco a poco la capacidad de disfrutar de las pequeñas cosas y es como si vivieramos fuera de foco o con la lente que capta los recuerdos llena de pelusas.

Así que será cuestión de reparar la cámara interior, ¿no? Y hoy es un buen día para comenzar a hacerlo.

¡Feliz día del niño para todos!