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¿En la primera cita, te animás a catar?

Las primeras citas ya no son lo de antes. Ya lo sabemos. Muchas de las primeras veces que tenemos un cara a cara con alguien, hoy día, se suceden después de habernos dicho asquerosidades por chat o mandarle fotos de tus tetas desde el laburo.  Pero ponele que algunas primeras citas realmente sean primeras citas. Sin sexo virtual previo, sin cachondeo por mensajito, nada.

Ponele que  te toca una de esas citas a ciegas. Hay dos escenarios totalmente distintos: Puede pasar que el pibe sea un bagre. Automáticamente sucede una cosa: Te metés en el orto la teoría de que si es inteligente te enamorás igual. Todo bien con que la belleza es subjetiva, que hay un roto para cada descosido y que lo esencial es invisible a los ojos, pero si es un tipo con consistencia de foca, probablemente finjas que estás descompuesta, que solo viniste hasta acá para avisarle y pedirle disculpas personalmente, pero que te estás yendo para la guardia y no, gracias, no necesitás que te acompañe.

Ahora, si el tipo está bueno, es otra cuestión. Vas a preguntarte por qué no te pusiste el otro vestido, que tenía más escote, que te vende mejor. Vas a tomarte dos segundos para mandar un mensaje por WhatsApp a un grupo selecto de amigas, que solo va a decir: “SEEEEEEEEEEEEEEEEEEEEEEEEE” y vas a intentar recordar si te sacaste esos pelos de la pantorrilla que habían escapado a la cera.

Apenas empezás a hablar con él aparecen un montón de cosas en tu cabeza:  “Un vino, perfecto, pide por mí. No me gusta tanto que pida por mí, como si no le importara mi opinión. Uy, me habla. Ahí me habla, se viene, lo siento. Edad. Justo en edad arrancar una charla. Qué innecesario ¿Se estará escuchando todo lo que estoy pensando? ¿Le miento? 27. Le digo 27, tengo 27. No hablar de ex novios. Ni de familiares muertos. Ni de Boca. Si querés coger no hables de Boca, por Dios te pido, lengua… ¿Qué como estoy? ¿Quiere saber cómo estoy? ¡Quiere saber como estoy! Pero no puedo contarle ya mismo de verdad cómo estoy, lo espanto. Sí, lo espanto. No. Mejor ser cordial y adorable, que crea que soy re copada, re nueva onda, re genial”.

Hablar de sexo en la primera cita me resulta imprescindible. Personalmente, creo que la inversión de tiempo en juntarme con una persona a tomar algo merece ser festejada con un polvo, o dos, o tres, o los que la suerte regale. Eso de “yo en la primera cita no cojo” no tiene un fundamento físico, porque sin duda en esa jornada las dos personas padecen ganas de coger, entonces… ¿por qué boicotear al deseo, barnizarlo con histeria? En la primera cita se coge, en este mundo y en el que viene. Por un pueblo mejor, sumémonos al cambio.

Charlas de nada. Esas son las que colonizan en la primera vez cara a cara con un potencial chongo. Risas por todo, para que todo fluya. Las mujeres somos buenas generalmente, salvo que el que tengamos adelante sea excesivamente banana y amerite hostilidad. De si estudiaste, de tu laburo, de qué hacés cuando no laburás y si salís. Seguro caés en contar alguna borrachera o en las últimas vacaciones (omitiendo con quién las compartiste, para no generar tensiones innecesarias). Y esperás que él tenga las mismas cortesías, no hablarte de minitas a las que haya que odiar tempranamente, o de la imposibilidad por mantenerse monogámico, cosas básicas que no necesitamos compartir en la primera cita.

Él se mostrará interesado, alentará a que termines tu bebida para pedirte una nueva… Y es lo que corresponde. Dejarse querer es parte del plan. Vos te arreglarás compulsivamente el pelo, flashearás que tenés algo en el diente cada vez que él te mire la boca. Pensarás que toda frase quedaría bien para que él la cerrara dándote un beso. Él no sabrá cómo avanzarte, vos te preguntarás repetidamente si le gustarás, o si será simplemente un gil, siempre volcándote por la segunda opción con mayor preferencia. Hasta que él lo confirme con la llegada del beso, casi siempre a la salida del bar, o de la cena, o del cine. Siempre el final es con beso, que dependiendo de cuánto caliente evoluciona a telo, a auto, o a departamento del que tenga. O a nada. Aburrido.

Las primeras citas son a todo o nada. Convencer o reventar. Lo mejor será entregarse, no pensar. Pensar lo menos posible, censurar las dobles lecturas y dejarnos disfrutar. Si tiene que ser, que sea; si no tiene que ser, no será. Para ser sommelier de sexo solo hay que animarse a catar. Y después… después andá a saber.

“Si me mira así de nuevo, me caso. Listo, me tiene, soy suya. Ay, ¿cómo era que te llamabas corazón?”

  1. samuel castillo

    2013/08/ at 11:24 am

    Etoy buskabdo unakopañera

  2. Farty

    2014/07/ at 6:57 am

    Feliz cumpleaf1os, Yaqui. Tambie9n desde la Luna, aunuqe ocasionalmente, pero con mayor fuerza a medida que pasan los ciclos, pensando en la Tierra.(bfQue9 Tierra?).

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