Sociedad

Madres, jefas de familias

Mi hermana está estudiando el profesorado de Literatura en Pilar. Hace poco comenzó a hacer prácticas en una escuela pública. Tenía que dar un tema en especial: “Poesía”. Volvió conmovida.

Resulta que leyó un poema por el día de la madre que se llama “El consejo maternal” que los chicos, no tan chicos, tendrían 15 años, recibieron con emoción. Incluso una alumna se puso a llorar. La respuesta es simple. La mayoría de los hogares no están conformados por la familia tipo “yanqui” que nos muestran en la tele. En cambio, cada vez más hogares tienen a una mujer – soltera, viuda o separada- como jefa de familia. De hecho, de las encuestas de Indec del 2010, las mujeres que llevan adelante un hogar subieron 7 puntos con respecto al 2001.

Me pregunto: ¿por qué las publicidades, la tele, las películas, siguen representando a la“familia tipo” como en la década del sesenta: jefe de hogar varón, cónyuge mujer y no más de dos hijos, mientras vivimos una realidad muy diferente?

En esta época donde hay familias integradas por dos mamás, dos papás, familias múltiples, hogares ensamblados, todavía el american life style sigue seduciendo, presionándonos para ser lo que no somos, en vez de aceptar la diversidad.

Esta nota es un homenaje a las mujeres que llevan adelante sus familias y crían solas a sus hijos. Como lo hizo mi propia madre después de que mi papá murió. ¡Feliz día a ellas!

Les dejo el poema que conmovió a los chicos en la escuela a la que fue mi hermana Silvina:

El consejo maternal

Ven para acá, me dijo dulcemente mi madre cierto día.
(Aún parece que escucho en el ambiente de su voz la dulce melodía)

– Ven y dime qué causas tan extrañas te arrancan esa lágrima, hijo mío, que cuelga de tus trémulas pestañas como gota cuajada de rocío.

Tú tienes una pena y me la ocultas; ¿no sabes que la madre más sencilla sabe leer en el alma de sus hijos como tú en la cartilla?

¿Quieres que te adivine lo que sientes?
ven acá pilluelo, que con un par de besos en la frente disiparé las nubes de tu cielo.

Yo prorrumpí a llorar. Nada le dije.

– La causa de mis lagrimas ignoro, ¡pero de vez en cuando se me oprime el corazón y lloro!……….

Ella inclinó la frente pensativa, se turbó su pupila, y enjugando sus ojos y los míos, me dijo más tranquila:
– Llama siempre a tu madre cuando sufras, que vendrá muerta o viva; si está en el mundo, a compartir tus penas; y si no, a consolarte desde arriba.

Y lo hago así cuando la suerte ruda, como hoy, perturba de mi hogar la calma, invoco el nombre de mi madre amada, ¡y entonces siento que se me ensancha el alma!

Olegario Víctor Andrade