Treinta y pico

366 días con él

183 días antes del Te Amo


La historia comenzó por casualidad. Estaba sin ánimos de conocer a nadie. A nadie que me complique demasiado la vida. Una vida que siempre quise llevar y que me costó lograr. Una vida nacida como por revancha de esa otra que dejé que alguien construyera por mí y que no me permití hacer realidad hasta ahora, momento en el que también me pregunto: ¿Cuántas vidas uno puede vestir mientras se vive una sola?
Si me preguntás como lo conocí te contesto que no pasó nada más ni nada menos que lo típico. Noche de chicas solteras en un bar cerca del trabajo y al lado, justo donde las miradas no necesitan de anteojos para ver de lejos, una mesa de  solteros con un solo objetivo: no dormir solos por lo menos por esta noche. Miradas van, risas vienen, los muchachos se entretienen y nosotras que otra vez caímos en el típico juego de aceptar con falsa sorpresa una avalancha de frases robadas sin discreción de sobres de azúcar seguidas, además, de un sin fin de acciones estereotipadas en cadena que – a pesar de todo-  le terminaron funcionando a él. A él que una vez más se levantó una minita y a mí que una vez más me dejé llevar por mi libido en alza hasta el punto de que, al día siguiente, estoy en el baño del trabajo, sonriendo frente al espejo y frente a la pregunta en forma de mensaje de texto calentito recién salido de su celular: ¿Salimos?
Y entonces, como pasa siempre, el poder de los Gemelos Fantásticos se activa, pero no para convertirme en cubo de agua, sino en una excelente estratega, experta en manejo de tiempos, ansiedades y modos de respuesta a este tipo de invitaciones. Hago silencio para escuchar la voz de la experiencia que me susurra al oído que en este tipo de situaciones hay dos maneras de reaccionar.

Uno, le contesto al toque sabiendo que él se va a dar cuenta de que estoy esperando su contacto mas que el delivery de comida casera amigo de solitarios incapaces de cocinarse o ,dos, me hago la que no importa ese mensajucho y aún sabiendo que él se da cuenta que me estoy haciendo la Diosa pero que voy a caer como un mosquito, más temprano que tarde, le contesto al otro día a la hora after office porque es ese momento del día que pareciera que le contesto porque es mi último plan sin que él se de cuenta que es mi único plan.

Aclaración para las chicas: la invitaciones a salir de ninguna forma se contestan a la mañana del día siguiente, porque deschabás al toque tus altísimas ganas de estar con él o con alguien (que no es lo mismo) y luego es dificilísimo limpiar tu imagen de Sola Desesperada. Aclaración para los chicos: si reciben una contestación a la mañana, no necesariamente ella esta muerta por vos, quizás el mensaje lo tenía en la bandeja de salida y se envió sin previa orden.

Chicas: aunque estemos muy interesadas con el muchacho en cuestión lo último que se pierde es el Glam (de Glamour: termino acuñado en la Bolu Sosaiety para describir la condición de fashionista pelermitano venido a menos con aires de venido a más) y a lo que primero se culpa es a la tecnología. Siempre es mejor decir un “No se que pasó, te juro que nunca apreté Send” a quedar como unas desesperadas.
Volviendo al tema, el problemón es cuando te haces la “Diosa No Me Importa Nada” y te sale mal porque él no contesta y la salida se frustra porque claramente él tomó la rienda de la situación y vos vas volver a ser la Cenicienta que eras sin siquiera haberte probado el zapatito de cristal.

Pero en esta historia él contestó rápidamente y lo que siguió fue lo de siempre: taxi en mi puerta para llegar por mi propios medios –me pregunto porque ya no está de moda el elegante gesto de que te pasen a buscar-, cena, tragos que van y vienen, comentarios político livianos, tanto como para no terminar en bandos contrarios, y muestras gratis de besos tanteadores que tienen por objetivo diagnosticar si todo da para que termine en un único lugar: su/mi cama.

 

 

La primera cita fue buena, la segunda muy buena, la tercera excelente y así sucesivamente hasta que la relación se fue afianzando en el tiempo casi sin pensarlo: llamados diarios, mensajes de texto, de voz, de él, de mis amigas preguntándote como va todo, de mi psicóloga preguntándome porque no voy más -¿Para que voy a ir si mi problema era la soledad y ya es un tema solucionado?, acordate que habíamos resuelto en la sesión numero doscientos cuarenta que o me compraba un perro o me conseguía un novio y como el perro me salía muy caro de mantener, el novio en principio no –le dije-.

 

Todo se fue dando tan naturalmente como aprender a caminar, a hablar, a tomar mate sin quemarte, como a decir te quiero a un amigo, abrazarlo y no sentir vergüenza.

De cada siete días, cinco estábamos juntos y luego seis hasta que la semana completa se nos pasaba volando entre casa y casa.
Como quien no quiere la cosa, me encontré haciendo cosas que nunca pensé que iba a hacer por alguien, ya no digo por un hombre: mandarle mensajes de buenos días, de buenas tardes, buenas noches y hasta de buenas madrugadas y esperar los suyos para poder dormir. Cocinar más de dos noches seguidas luego de haber trabajado doce horas completitas. Lavar los platos de la cena romántica además de los acumulados del día anterior, impulsar un cumpleaños sorpresa cuando no festejo ni el mío, entre otras tantas e inexplicables reacciones nacidas de mí, una persona que ya pocos reconocen.

Mientras las escenas mas cursis hollywoodenses eran cosa de todos los días, fuimos modificando, como toda pareja que se digne de tal, la forma de llamarnos.  Primero elegimos diminutivos, luego ridículas onomatopeyas hasta que tomamos el camino sin retorno de llamarnos por nombres de animalitos – motivo de risa de todo el mundo salvo de nosotros dos, claro-.

Pasaron los primeros meses de la relación y en ningún momento nos vimos envueltos en la típica burbuja del enamoramiento alocado que cuando se rompe te salpica de pura e irreversible realidad, si eso era bueno o malo no fue algo que nos develara.

Hasta que un domingo que se perfilaba como cualquier otro, de esos en que cada uno se separa para visitar a sus respectivas familias, momentos antes de cruzar el dintel de su puerta algo me pasó, algo se me confundió entre una libido en estado de ebullición y un sentimiento en estado de sublevación y se me escapó un Te Amo.

(Silencio)

– Se me escapó, no lo quise hacer, lo juro.

– Pero te dije que no tenías que decirlo tan pronto, si venías bien diciendo un cálido Te Quiero: vos le decías te quiero, el te respondía te quiero y ya, todos felices comiendo perdices ¿Porque tenés que complicarla con un Te Amo que termina siendo como un inhibidor de hombres tipo gas pimienta? ¿No te das cuenta que no pueden resistir la frase? Claro, a vos se te escapan las palabras así como así y yo soy el que termino destrozado, llorando por los rincones de la casa de tu vieja, del diván de nuestra psicóloga y del asiento del cine un sábado por la noche. Siempre lo mismo, no aprendes mas: o lo decís sin sentirlo solo porque el otro lo dijo primero como cuando tenías veinte, o se te cae así como así, creyendo que el mundo esta preparado para escucharlo. Ahora, nena agarrate porque o sale corriendo o se queda, y si se queda querida ahí te quiero ver – me dice el corazón que para realista pocos como él-.

Luego del sincericidio dicho así como así, de la nada misma o del todo mismo, él me dió un abrazo, un silencioso abrazo y me fui a almorzar con mis viejos en un domingo que ya no es como todos los domingos, por que es el día en que le dije por primera vez Te Amo.

Como solo fue un acto fallido digno de ser analizado por todas las sesiones de terapia que me alcancen con los sueldos y aguinaldos venideros de acá al día del juicio final o un exabrupto de mi corazón que ahora se envalentona reprochándome el descuido como si no tuviera nada que ver con el caso, no espero ninguna respuesta de él. O en realidad, sí, espero la misma frase dicha sin el descuido con la que la dije yo, o sea, lo mismo pero sentido verdaderamente.

Un día, en medio de una clase de Origami tan interesante como todas, el celular entona las más bellas notas anunciando un nuevo mensaje de texto de él:

Te Amo. Yo

Lo primero que pensé es que alguien se había equivocado. Que ese mensaje no era para mí, que seguro que el tarado de Max me estaba jugando una broma y que de ser así se iba a tener que olvidar de mi amistad para siempre.

Pero lo leí de nuevo, y el remitente era de él, sin ninguna duda.

Dos palabras, cinco letras, las combinación semántica perfecta que estaba esperando. Con el brazo rojo de pellizcarme al no creer lo que te estaba pasando, interrumpí a una compañera para que me confirme que lo que estaba leyendo era real. Confirmadísimo, el Te Amo es de él y seguí sin creerlo y como me faltaba plegar otra alita para que mi grulla sea grulla y no un pato feo, le pedí a otra compañera que la termine por mí y así poder salir a llamarlo.
183 días después del Te Amo
Que enorme felicidad. Un hombre en la faz de la tierra que siente igual que yo. Que se juega a todo o nada y que apuesta por un futuro de dos cuartos de helados juntos pero no mezclados.
Comencé a sentir la necesidad de que el mundo lo sepa empezando por mi familia -que es la misma que él se niega a conocer cada vez que se lo planteo-, de pasar mucho más de siete días a la semana con él y empezar a buscar niditos de amor para dos con habitaciones para tres… o cuatro –aunque sé que no tengo que ir rápido pero también que no lo puedo evitar-.
Pero algo pasó.

Luego de mi Te Amo, dicho sin pensar y su meditado Te Amo, gradualmente pasamos de nuestros apodos de animalitos, a las onomatopeyas y volvimos a llamarnos sólo por nuestros nombres a secas, sin ni siquiera usar los diminutivos.

Comenzaron a ser más frecuentes los días en que vestíamos pijamas ridículos mirando una película de las del montón un sábado a la noche que los que nos esforzábamos por vestirnos bien el uno para el otro.  Aumentaron las salidas de “soltera” que las salidas de “cazada” -sí, con Z- , o lo que es peor, me acompañaba a las salidas con cara de pocos amigos y se iba antes de que termine argumentando cansancio o aburrimiento o ganas de no estar ahí –que era lo mismo-.

No sexo. No charlas. No discusiones -aunque hubiera sido, por lo menos, un modo de comunicación-. Nada. Ya no sonaba ni un Te quiero dicho al pasar.

Día 366. Día del No Sos Vos Soy Yo
Una noche en el bar cerca del trabajo, en el mismo donde comenzó todo, no pasó nada más ni nada menos que lo típico:

– Sos la mujer con la que soñé toda mi vida y soy en este momento el hombre más triste del universo porque no te puedo amar como vos me amas a mí. Mirá que lo intenté de muchas maneras, pero me estaba sintiendo mal al no corresponderte en el sentimiento. No Sos Vos Soy Yo.
-¿Vos me estas dejando porque si bien me querés y soy la mujer perfecta para vos, no me podes amar como yo te amo a vos? ¿Que diferencia hay entre los te quiero iniciales y los te amo posteriores? En un principio letras pero debe haber algo mas ¿Será que el te amo implica un nivel de compromiso mayor que el liviano te quiero aunque sea mucho?.

Esa noche no volví a dormir en la misma cama que él. Y mientras me quitaba el poco maquillaje que quedaba luego de que las lágrimas se llevara el resto, me pregunté cual era la diferencia entre mi Te Amo diciéndolo a los ojos y el suyo vía mensaje de texto.
Silencio. Ése que aturde. El más profundo de los silencios.
Ahí esta la diferencia. Yo lo dije con el mismísimo corazón, a los ojos y con un beso y él lo dijo con los dedos, al celular y a la distancia.

El día que dije Te Amo la relación cambió. Luego de 366 días sin él, puedo decir que cambió para bien.

Pero todavía me sigo preguntado ¿Cuantas vidas uno puede vestir mientras se vive una sola?

 

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  1. Walter Perez Blanco

    2012/09/ at 1:48 am

    Bueno… esto merece reflexión. Lo ideal sería q fuera mutuo, como en los cuentos. Si no lo es, creo q si él te dijera: ok, amame, yo te quiero pero no sé si te amo, y cuando sí te ame, te lo voy a hacer saber… no lo bancarías de ninguna manera. Querías reciprocidad. No aceptarías ser “la que ama” solamente. O sea: tu te amo implica “y vos también me tenés que amar”. Es decir, implica una condición q creo, al amor verdadero no le importa, o no debería importarle. Amo, y ya. Si vos también me amás, bien, mejor. Y si no… qué importa, si yo soy el q amo? Amo pq creo q me aman? Eso para empezar. Después, vos das el “te amo”. Y eso en qué es “más” q otra cosa? Q extra estás dando? Q pasa con amor y qué no pasa sin amor? En la dinámica, en los hechos, casi q da lo mismo. No es q amás y cogés mejor, x ejemplo, o más, o como dicen las chicas de la tele, “entregan” eso tan codiciado solamente al q aman. Qué hecho de la realidad se modifica con el “te amo”? Después, quizás, como redondeando el tema, amar, querer, ser feliz y estar bien son todas categorías q no necesariamente se incluyen, se complementan, se nutren unas de otras… Pasa, no pasa, podría pasar, deja de pasar o lo q sea, amando, queriendo, siendo feliz o estando bien. El último punto x ahí tiene q ver con el primero: cuánto hay de llenar varios casilleros, o todos, y q eso dé x resultado “amor”, y cuánto hay de esa química única q pasa cuando dos personas se aman? Es decir, cuánto hay de “daba amar pq cabía” y cuánto de amor, digamos, puro y espontáneo? Me pasó de amar y q no me amen, e igual estar “bien” y siendo feliz, pero no querer. Me pasó q me amaron (o dijeron hacerlo) y yo no corresponderlo desde mis palabras, pero en los hechos no me pudieron reclamar nada… también me pasó de amarnos desde la palabra, y también dde los hechos, y procurar tanto hacer feliz al otro q nos abandonamos a nosotros mismos y ante un contexto de esos que rompen la burbuja, encontrar q somos dos desconocidos… me pasó de pensar q amaba, no amar, creer que la otra persona seguía amando, y x no “lastimarla”, seguir como si nada, y q la otra persona nunca se diera cuenta, hasta q ella no tuvo reparos en decir q “no sé si te sigo amando” y nos separamos, yo con bastante alivio. Creo q son muchos factores a tener en cuenta, pero bueno… es medio inevitable vivir uno, varios, todos… perdón x no aportar cosas más valiosas q estas.

  2. Marga

    2012/09/ at 2:29 pm

    Una historia que se termina. La constatación de lo bien que podemos estar solas. La tendencia irrefrenable de repetir el ciclo. ¿será una cuestión biológica?

  3. Bárbara los treinta

    2012/09/ at 7:19 am

    Gracias Walter por tu reflexión y concuerdo con lo que decis.

  4. Bárbara los treinta

    2012/09/ at 7:20 am

    NatiAlabel por votar!!!

  5. Barbara A Los Treinta

    2012/09/ at 7:22 am

    Marga,ya se me hace una cuestión de género aunque haya algunos del otro bando que hayan dicho TE AMO y tambien dieron contra un muro…. GRACIAS POR LEER.

  6. Walter Perez Blanco

    2012/09/ at 8:56 pm

    Bueno, ya te voté. Suerte!

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