Especial día del niño, Uncategorized

Para siempre

Todavía me pasa que encuentro una caja, me fijo si entro sentada y la transformo en nave espacial. O voy al supermercado y no puedo evitar agarrar una golosina unos segundos antes de pagar… Ahora nadie me pone cara de orto ni me dice que ya vamos a cenar, que basta de pedir y pedir todo el tiempo. Hoy me la compro y me la como antes de comer, aunque eso me cueste comer menos, dolor de panza e indigestión eterna.

A mi abuelo le hice cambiar un auto con mis berrinches. Había vendido su camioneta, esa en la que todas las tardes salíamos a mirar el cielo. Las nubes, más precisamente: “Los nubarrones”. Podíamos salir mil días despejados, que no podrían ni compararse a un solo nubarrón negro de posibles tempestades. Cuando trajo el auto en reemplazo de la camioneta, el vidrio del que mirábamos se achicó y yo, con mis 5 años, no podía tolerarlo. Le lloré tanto, fue tal el tamaño capricho, el dolor del alma, que mi Nono volvió atrás su intercambio y la camioneta volvió al hogar para seguir paseando.

Cuando tenía 3 pirulos, mi Papá se agachó, me miró a los ojos y me preguntó: “¿Vos me querés, Melisita?”. Le dije que no. Lloró un montón. Y empezó a volver más temprano del trabajo.

La primera persona que me sobornó fue mi Mamá. Intercambió una visita no conflictiva al pediatra, sin llantos ni histerias, por una muñeca perfecta de Frutillita. Una y mil veces volvería a aceptar. En el pelo tenía olor a frutillas y tenía un vestidito verde fantástico.

Con mi hermano acampábamos en el patio y hasta eso nos daba miedo. Yo era tan cagona, que cuando mi viejo hacía chispas con la parrilla yo me escondía atrás de un postigo de la ventana. Cuando nació mi hermano fue la primera vez que quise ser grande y dejarle a él el lugar de “chico”. Por alguna razón, cuando somos pequeños nos seduce el tema de crecer. La libertad de hacer cosas sin perdir permiso, sin saber que de grandes nosotros mismos nos pondremos las trabas, y los años nos habrán sumado mañas, prejuicios, filtros idiotas.

Hacerte grande es decir que ya apagás la tele y te vas a dormir, y realmente apagar la tele e irte a dormir. Es tirar remeras viejas y jeans que alguna vez quisiste, porque decís que no hay lugar en el ropero para seguir guardándolos. Hacerte grande es dibujar cuadrados y rayas mientras hablás por teléfono, quejarte porque los menores de 5 juegan en las salas de espera de los consultorios y preferir comprarte chicles de menta antes que los de juguito. Hacerte grande es que se corte la luz y te ofusques. Que llueva y uses piloto. Hacerte grande es olvidarte lo bien que la pasabas conociendo gente, sin esperar coger a cambio. Hacerte grande es tener miedo a hacerte grande, respirar hondo y esperar que nunca te pase. Aunque te pase.

La niñez no es sinónimo de juventud. Se trata de acordarnos si mantenemos los valores heredados de fábrica, los que teníamos antes de contaminarnos con la vida. Yo mantengo la perseverancia de mi primer capricho, el respeto por la verdad de los sentimientos, el no regalar te quieros. Sigo teniendo miedo y pegando saltos con los ruidos fuertes. Me siguen dando cosquillas en la panza cuando me pasan cosas lindas.

Tengo muchos más años de los que tenía, pero sigo sintiendo que si alguien me ofrece algo a cambio de no llorar, lo volvería a aceptar. Me hice grande, pero no. Feliz día del niño para todos, todo el tiempo, para siempre.

  1. Vivian García Hermosi

    2012/08/ at 11:41 am

    Me encantó tu nota, Meli. Pobre ese abuelo pero qué nena tan mimosa 🙂

  2. Fernando Drigo

    2012/08/ at 7:19 pm

    Muy bonita nota. Me agradan los niños y sus pensamientos, porque son inocentes. Aún cuando traman algo. No están contaminados por el mundo. Aún están a tiempo de salvarse. Quizás digo esto porque el niño que fui, ya no existe y no querría que otros se conviertan en lo que soy.
    Hacerse grande es aceptar los errores, y aprender de ellos.

  3. Walter Perez Blanco

    2012/08/ at 12:55 am

    Preciosa nota! Me va a hacer ir a dormir con una mezcla de melancolía y resignación. Para mí hacerte adulto es q ya tus berrinches no le dan ternura a nadie, y que vas a tener q tragarte sapos en soledad, respirar hondo, y saber q si te encerrás en tu habitación… nadie te va a venir a tocar la puerta y traerte un pedazo de bizcochuelo… Es una cagada hacerse adulto. No cambio una orgía en la mansión Playboy x ir a pasear con mi mamá a comprar regalos para navidad. Sí, chorreé grasa, lo sé…

  4. Melisa Sansotta

    2012/08/ at 10:16 am

    Gracias, Vivi!!! Mi Nono es un crack. Cuando quieras te lo presto, jaja.

    Fernando, ojo con aceptar demasiado los errores, a veces está bueno encapricharse con que fue culpa de otro.

    Walter, chorrear grasa es otra cosa… con su comentario quizá consiga novia, eh, le tengo fe! jejeje

    Gracias por leer, amig@s!

  5. Walter Pérez Blanco

    2012/08/ at 9:50 pm

    Sí, yo me tengo fe también. Es más… si hacés bizcochuelo y blanqueás que es Exquisita y no intentás hacerme creer q es una receta de tu abuela, te hago una propuesta formal.

  6. Hercilio

    2015/12/ at 1:58 pm

    Diego Posted on Estimada Marta, muy interesante el artedculo. Quisiera harctee una consulta: bfel miedo a la pe9rdida de algo y la incertidumbre a un nuevo escenario, no forma parte de la resistencia al cambio? Gracias.Slds.Diego

Comments are closed.