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Che, amigo

Por Verónica Barrionuevo

Hoy en día te encontrás con extranjeros en Buenos Aires como si fueran parte de nuestro paisaje urbano. Sobre todo para mí que enseño español. Una de las cosas que más me gusta de enseñar a extranjeros es compartir con ellos lo que llamamos tidbits, o pequeños datos sobre las costumbres de nuestro país. Ahí afloran las diferencias culturales y, muchas veces, mis estudiantes se sorprenden con tradiciones que, para nosotros, son cotidianas. Suelo adaptar estas piezas de información a la época del año, y entonces a mediados de julio me toca comentarles algo sobre el Día del Amigo.

La reacción general es de grato asombro. Les gusta esta noción de un día dedicado a reunirnos con los más cercanos, hacernos regalos y jugar al “amigo invisible” con los compañeros de trabajo. No es una gran sorpresa para los brasileños, que celebran también este día el 20 de julio, pero sí para los nativos de otras regiones. Es que es una fecha ajena a América Latina.

Si bien en Estados Unidos festejan el Día Internacional de la Amistad el primer domingo de agosto, la tradición no está muy asentada y algunos de mis alumnos estadounidenses comparan nuestro Día del Amigo con una suerte de Día de Acción de Gracias (o Thanksgiving) sin familiares, mientras que otros lo encuentran similar a San Valentín en un sentido amplio, ya no centrado en el amor de pareja, sino en el amor hacia aquellos con quienes compartimos nuestras vidas.

En el plano anecdótico, una chica alemana me contó que sus conocidos argentinos la habían invitado a un asado del Día del Amigo y que le había parecido muy raro celebrarlo un día de semana, en lugar de pasarlo para un viernes o un sábado. Un canadiense comparó la costumbre con nuestra tradición del mate: compartir, en ronda, nuestras novedades, alegrías y penas con nuestros “hermanos elegidos” en un ambiente relajado, donde todos tomamos de la misma bebida.

Con respecto al mate hay, claro, posiciones encontradas. Los italianos están más acostumbrados al concepto de compartir en base a la comida o bebida, pero aquellos que no vienen de una cultura latina lo reciben como una novedad. Si bien en China existe el “dim sum”, una suerte de desayuno/almuerzo que se ingiere sin apuro, con familiares o amigos los domingos, y en India, China y Japón es tradicional la ceremonia del té, son mucho más formales que las rondas de mate. De vuelta en Argentina, hay quienes enseguida adoptan nuestra bebida, fascinados por la “buena onda” (término que les encanta) que conlleva, y lo toman con sus compañeros de casa o de clase. Otros lo miran pasar de mano en mano, de reojo, con cierta desconfianza por el aspecto higiénico de usar la misma bombilla que muchas otras bocas. A algunos les gusta la idea, pero no el sabor (“es amargo, aún cuando tiene azúcar”, me dijo una chica noruega una vez).

Como sea, la mayoría de los jóvenes a los que he tenido como estudiantes caracterizan al pueblo argentino como “relajado, amistoso, cordial, amable, cálido y familiero”. Llegado el momento de evaluar su estadía en Buenos Aires y hablar de lo que van a extrañar, estas características se repiten de una persona a otra, sin importar su origen. Los 20 de julio se transforman, para ellos, en una ocasión divertida, ideal para llamar a sus amigos en el exterior y contarles lo que este día significa para nosotros, o para comprarles un regalito a sus amigos argentinos. La promesa aparece una y otra vez: “cuando llegue a casa, voy a tratar de implementar este festejo con mi grupo”.

  1. Vivian García Hermosi

    2012/07/ at 11:07 am

    Por algo aman Argentina y siempre quieren volver

  2. Fernando Drigo

    2012/07/ at 2:57 pm

    Muy bueno. Me encanta poder ver la realidad (o lo que nosotros conocemos como tal) a través de los ojos de un sujeto ajeno a nuestro entorno. Ciertamente, nos hace filosofar sobre muchas cosas.
    Tengo entendido que en muchos países de Europa, la gente tiende a ser más cerrada en comparación con los sudamericanos. Si es así, quizás por ello se maravillen más con nuestra «buena onda».

  3. Vero

    2012/07/ at 3:48 pm

    Vivi: ¡Gracias!

    Fernando: Sí, eso me gusta mucho. Dar clases no es como estar de viaje, claro, pero se aprende mucho de las diferencias (y similitudes) culturales. Eso lo hace muy interesante y placentero.

    ¡Besos a los dos y gracias por comentar!

  4. Michel

    2012/08/ at 12:55 am

    Muy buena la cronista. Le mando besotes.

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